AUKUS Parte 4: Incidencias del Acuerdo Estratégico de Defensa Indo - Pacífico para la Unión Europea (UE)


AUKUS Parte 4: Incidencias del Acuerdo Estratégico de Defensa Indo - Pacífico para la Unión Europea (UE)

28 Septiembre, 2021

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Hoy culmino con la serie de cuatro (04) artículos que programé desarrollar con respecto a las incidencias que el acuerdo estratégico de defensa Indo – Pacífico ha generado en el concierto de las naciones y en la política internacional actual.

Para cerrar con el tema AUKUS, me decidí a escribirles acerca de las reacciones y consecuencias que la firma de este mecanismo trilateral ha ocasionado en Europa, sobre todo en los países de mayor peso en la Unión Europea y en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Al respecto, apenas haberse dado la noticia, los especialistas en materia de política internacional en Europa dijeron que la decisión unilateral de la triada, sin tomar en cuenta a la UE, debía alertar a todos los mandatarios del bloque regional europeo, para quienes esta nueva situación debería dejarles claro que es más urgente que nunca el que como bloque terminen de estructurar y consolidar una política de defensa exterior común, que sea independiente de socios mundiales como EEUU u otros actores internacionales.

Ante tales acontecimientos, el revuelo que han causado en Europa las posibles implicaciones del AUKUS pueden repercutir en una nueva posición regional de la UE respecto a China y a otros actores del pacífico, en detrimento de Australia, Gran Bretaña y Estados Unidos, como estados signatarios de la alianza de defensa. De hecho, si bien el bloque de veintisiete (27) países de la UE no fue tomado en cuenta ni informado sobre las negociaciones y posterior firma del AUKUS, el pasado 23 de septiembre la Unión Europea en pleno lanzó su propia estrategia para fortalecer su presencia naval en el Indo – Pacífico.

Europa también tiene sus intereses en una zona que es fundamental debido a que por sus aguas pasa alrededor del 70% del comercio mundial, y aunque les haya irritado el hecho de no ser tomados en cuenta, igualmente comparte la preocupación general acerca de la forma en la que China concentra cada vez más poder en la región.

FRANCIA:

Es sin duda alguna el país más afectado económica y comercialmente después de toda esta polémica que ha generado la firma del pacto AUKUS entre Reino Unido, Australia y EEUU. Desde el año 2014, Paris y Canberra habían suscrito un importante acuerdo por 65 mil millones de dólares, mediante el cual los franceses reemplazarían la flota de submarinos convencionales Collins que Australia mantenía en Oceanía.

De principio, la molestia entre las autoridades galas fue de tal magnitud, que como país decidieron cancelar las negociaciones, posteriores al Brexit, de un pacto de defensa que venía adelantando con el Reino Unido. De la misma forma bloquearon las negociaciones de libre comercio que mantenía la UE con Australia, y de paso llamaron a consulta a sus embajadores en Washington y Canberra, una medida sin precedentes entre países con lazos y alianzas muy firmes desde la época de la Segunda Guerra Mundial.

Para Paris -sobre todo durante los primeros días luego de la noticia-, sin confianza era impensable el continuar negociando acuerdo alguno con los países de la triada. Tal pensamiento lo reflejó perfectamente un comentario del ex embajador del Reino Unido en Francia, Peter Ricketts, quien dijo que para los franceses el AUKUS significaba una falta total de confianza entre aliados, algo que ponía en duda incluso las propias funciones de otro ente tan representativo como la OTAN.

Hay que recordar en este punto que Francia y Australia también tenían un acuerdo vinculante desde 2016, que incluía el pedido de una serie de “Submarinos Clase Attack”, en una negociación por alrededor de 36 mil millones de dólares, el cual de igual manera ha quedado totalmente cancelado.

Con toda la presión por el ambiente generado, los mandatarios Emmanuel Macron y Joe Biden decidieron encontrarse a finales del mes de octubre, en la ciudad de Roma, en el marco de la reunión del G-20, y luego, un mes después, entre el 01 y 12 de noviembre de 2021, en la ciudad de Glasgow, escocia, durante la Cumbre de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 26).

ALEMANIA:

Otro de los países principales de la región. Alemania fue de los primeros países en respaldar a Francia en sus reclamos y promovió con celeridad y energía un pronunciamiento firme del Consejo de la UE en contra de un acuerdo que Berlín cataloga como una traición y una amenaza para los intereses de Europa. Paralelamente a ello, sus representantes han insistido y presionado para que los países de la UE avancen en la consolidación de una estrategia de defensa común europea.

LOS PAÍSES BÁLTICOS Y POLONIA:

Si bien es cierto que los 29 miembros en pleno respaldaron los comunicados que la UE emitió sobre la firma del mecanismo de defensa estratégica anglosajona, lo cierto es que países bálticos como Estonia, Letonia, Lituania, Finlandia, así como Polonia e incluso Suecia, prefieren evitar pronunciarse de manera individual, toda vez que generalmente, y desde el desmembramiento de URSS, siempre han mantenido una posición favorable a los intereses de Estados Unidos.

OTAN:

En política internacional se dice que aquello que incida y afecte a la Unión Europea, también repercute de manera directa en la OTAN. No creo que le deba recordar a nadie que esta organización que nació de una alianza que vinculaba a países de América del Norte y a buena parte de la Europa Occidental (con el propósito de defender la seguridad colectiva en el Atlántico Norte), cuenta entre sus veintinueve (29) miembros con 23 países que también son integrantes de la UE, sin incluir a Islandia, Noruega y Turquía que también son estados europeos.

No siendo este un dato menor para el tema que estoy tratando, muchos analistas piensan que la crisis provocada con el surgimiento del pacto de defensa estratégica AUKUS, también producirá cambios importantes dentro de la misma OTAN.. De hecho, la situación ya ha sido tomada como una importante afrenta dentro del bloque europeo en la organización trasatlántica, en la que los representantes de cada país miembro se han percatado de la vulnerabilidad que corren en el caso de que no propicien y consoliden una política de defensa conjunta que no tenga que esperar a lo que Washington decida.

Ante estos roces sin precedentes entre aliados, los miembros europeos de mayor peso dentro de la OTAN, entre los que se encuentran Alemania y Francia, han comenzado a dejar de confiar en EEUU y RRUU como socios dentro de este pacto, y entre alarmas con relación al futuro de la organización, empiezan a poner en duda el para qué sirve verdaderamente el mecanismo de defensa atlántico.

Ante toda la polémica y el debate surgido, Jens Stoltenberg, Secretario General de la OTAN, afirmó y destacó que la seguridad de Europa está garantizada por países que no son miembros de la Unión Europea (UE), refiriéndose al hecho particular de que son Estados Unidos, Reino Unido y Turquía, los que llevan el mayor peso económico y de apoyo militar dentro de la organización. Asimismo, el Señor Stoltenberg destacó en una entrevista concedida a AFP, su parecer acerca del deseo de la UE por tener una verdadera “autonomía estratégica”.

Sobre ese particular, fue enfático al decir que la defensa de Europa depende de estrechos vínculos transatlánticos y no de la búsqueda de una autonomía estratégica como continente. Para demostrarlo facilitó indicadores según los que ilustraba que el 90% de la población de la UE vive en países miembros de la OTAN, mientras que esos mismos países de la UE proporcionan apenas el 20% del gasto de toda la Alianza Atlántica, luego de lo cual fue contundente al decir que la Unión Europea no está en condiciones de defender por sí sola al Viejo Continente, y que en tal sentido sus miembros no deben debilitar a la OTAN con sus deseos de autonomía.

¿Qué pienso yo?

¿El regreso de EEUU a la escena internacional ha sido verdaderamente la vuelta del aliado estratégico que estaba esperando la UE?

En el ámbito internacional, a juzgar por los hechos, pareciese más que la administración Biden estuviese siguiendo los pasos del gobierno anterior de Donald Trump, ya que está tomando decisiones inconsultas – y hasta confusas- que no solo han afectado a los países de las regiones a las que ha destinado tales medidas, como en el caso de Afganistán, sino que también han perjudicado los negocios e intereses de algunos de sus principales socios naturales, como ahora sucede con el caso de Francia y otros aliados importantes dentro de la Unión Europea, los que se han visto dañados con la firma del acuerdo AUKUS.

¿Se subsanará la ruptura entre Paris y Washington?

En realidad, pareciese que EEUU y Australia dejaron a Francia de lado en el acuerdo AUKUS, solo por un tema eminentemente tecnológico, ya que con el tipo de submarinos que proveen los franceses, las unidades tienen la necesidad de subir en ciertos momentos a la superficie para abastecerse de diésel. Mientras, por el contrario, las naves que se mueven gracias a la propulsión nuclear, tienen un mayor alcance de distancia y no necesitan emerger para recargar combustible.

Pero el problema no se circunscribe solamente a la perdida de una mera venta de equipos militares.

Tal vez a algunos se les haya pasado el hecho fundamental de que Francia también es un país con riberas en el Océano Indico, y que por lo tanto es un país del Pacifico. Es decir, Francia no es solo un país continental europeo, sino que también cuenta con posesiones de ultramar en las que tiene a un millón seiscientos mil habitantes franceses viviendo. Por lo tanto, también posee intereses estratégicos directos en la mencionada región en tensión.

Siendo así, territorios de ultramar como Nueva Caledonia y la Polinesia Francesa, permiten que Francia controle la segunda Zona Económica Exclusiva más grande del mundo, con entre 09 y 11 millones de kilómetros cuadrados de áreas marinas. En esa zona Francia, de manera soberana, tiene capacidad para aprovecharse de los recursos que allí existen en su subsuelo. Por lo tanto, sus intereses no son solo militares sino geopolíticos, y abarcan una extensión que va desde Mozambique, y toda la costa este de África, hasta el Pacífico Sur.

Por lo tanto, perder un contrato de submarinos es una pérdida de ingresos importantes, pero a su vez también supone una bofetada por parte de sus aliados en la región, y de los cuales en cierto modo depende. Esto porque su contingente militar en el área no es significativo (motivado a que las islas de su pertenencia son pequeñas en territorio) y sus bases militares no son las más modernas.

Con todas esas características, Francia siempre ha vislumbrado y buscado mantener una influencia en la región a través de tratados multilaterales, ya que no cuenta ni con la presencia ni con el musculo financiero suficiente como para imponerse allí.Entonces, es justo por esa condición, que, a pesar de sus inocultables molestias, y solo luego de una llamada hecha hace pocos días por el presidente Biden, que su homologo Macron decidió bajar un poco la tensión al conflicto.

Para ello aprovechó que EEUU reconoció de palabra un error en la manera en como informó sobre la firma del acuerdo y sus alcances, así como que se comprometiera en restaurar el dialogo con Francia y la UE, para que de manera conjuntamente decidieran reunirse en octubre próximo para conversar y proponer medidas concretas que pudiesen finalmente coadyuvar a la restauración de la alianza, no solo para la región del Asia – Pacífico, sino la histórica entre Europa y EEUU.

Ahora bien, no obstante los intentos por bajar las tensiones con Francia que está intentando el mandatario estadounidense, soy de la opinión de que se debe ser cauto y esperar un tiempo prudencial para ver y evaluar los resultados de esas tratativas, ya que para no pocos analistas (entre los que me incluyo) la administración de Biden hasta ahora se ha caracterizado por sostener muchos juegos de palabras y ofertas con respecto Europa, pero en el plano real, solo les ha incumplido sistemáticamente desde su arribo a la Casa Blanca, algo que los mandatarios europeos no pasan desapercibido al considerar que con el AUKUS se les ha traicionado de mala manera.

De igual forma, si se hace una retrospectiva y se voltea al pasado para observar de manera justa y objetiva la historia de la OTAN, desde su creación, se puede decir que este mecanismo ha sido fundamentalmente un instrumento que ha servido para proyectar políticas y acciones que en el mundo quiso privilegiar EEUU. Políticas a las que, en otras épocas, y motivados por la inferioridad de sus fuerzas, y hasta por la necesidad de subsistencia, tuvieron que acordar, plegarse y alinearse la mayoría de los países de la Europa Occidental que hoy hacen vida dentro de la UE.

En este sentido, el hecho de que estos países europeos se sientan cada vez menos informados e involucrados al momento de la toma de las decisiones, como bloque dentro de la OTAN, les obliga a que se genere un debate –promovido siempre por Alemania y Francia- para impulsar un acuerdo en materia de defensa común que no dependa de terceros.

Al respecto, por más que el Secretario General de la OTAN haya dicho que apoya los esfuerzos de la UE en lo concerniente a su gasto conjunto de defensa, así como para adquirir nuevas capacidades militares y para remediar lo que considera como una fragmentación de la industria europea de defensa, creo que sus intentos diplomáticos por tranquilizar a estos países son tardíos, y por ello no creo que impidan que la UE estructure e implemente una política militar de densa y disuasión propia.

Aunque Stoltenberg diga que la “solidaridad estratégica” conjunta entre todos sus miembros será buena para la seguridad europea y para la seguridad transatlántica, lo cierto es que parece que ya la Europa Occidental no le escuchará, sobre todo cuando intenta intimidarles al decir que la UE no está en capacidad de defender a toda Europa. A muchos de los países miembros les molesta la forma en la que el Secretario General se hace la vista gorda con respecto a muchas de las acciones de EEUU, y les parecen injustas sus preferencias hacia ese país, hacia Gran Bretaña y hasta con Turquía, estado al que siempre resalta por su papel esencial en la lucha global contra el terrorismo.

MIS ÚLTIMAS CONCLUSIONES SOBRE EL AUKUS.

En todo caso, en momentos en que pareciese que se está dando una reconfiguración mundial de las alianzas, pero sobre todo del multilateralismo en el escenario global, potencias como Rusia, India y China también se encuentran a la expectativa de lo que pueda pasar de ahora en adelante con la llegada del AUKUS.

El mencionado pacto de defensa estratégica representa un salto cualitativo con respecto a la situación militar actual existente en el Asia – Pacífico, y no solo se refiere a un tema simple que trate acerca de la construcción de unos submarinos a propulsión nuclear, ya que hasta ahora eran apenas seis (06) países los que tenían submarinos con esas características (China, Francia, Rusia, Reino Unido, Estados Unidos e India), hecho que convierte a Australia en la séptima nación en incorporarse a tan exclusivo club, situación que sin duda rompe con la balanza de poder en la zona.

Sobre ese particular, si bien en las informaciones técnicas del acuerdo se ha subrayado que los mencionados submarinos no contaran con armas nucleares, lo cierto es que estas unidades van a tener “la capacidad” para eventualmente desplegar cohetes con ojivas nucleares, lo que si representa una información bastante seria que no debe dejarse de lado y que la comunidad internacional debería tener muy presente.

Con respecto a las motivaciones australianas para aceptar la oferta británico – estadounidense, puedo decir que este país simplemente volvió a ser cónsono con su política exterior, aunque para ello haya tenido que violar un acuerdo ya firmado con su contraparte francesa. Recuerden que histórica y diplomáticamente Australia siempre se unió tradicionalmente con potencias (en este caso EEUU, y antes a la GB) a las que consideraba y sigue considerando como unos hermanos, sus aliados grandes, unos socios que le protegieron de Japón en la época de las guerras mundiales, y que ahora piensan que les defenderán del peligro que representa China en la actualidad.

Para Canberra, esta es una decisión en la que sin duda privilegia su seguridad nacional a costa de la perdida de cierta parte de su soberanía. Esta apuesta de política exterior tuvo que tomarla a riesgo de granjearse el enojo y la desconfianza de otros amigos y aliados importantes, como en el caso de los países europeos.

Ahora bien, recordemos que este giro reciente de la política exterior australiana no solo afecta a los intereses de Francia y de la Unión Europea, sino que ante el temor que tienen por la escalada militar que se ha ido dando en el Asia – Pacifico, Canberra también ha preferido ir en contra del gran acercamiento y las mejores relaciones económicas que desde hace más de 30 años ha sostenido con el imperio de los tres reinos, en las que financieramente les fue muy favorablemente desde principios de la década de los noventa, en el siglo pasado.

A Australia le ha estado preocupando cada vez más la expansión de la presencia militar china en todo el Asia - Pacífico, principalmente en la zona del Mar de China Meridional, en las que ha construido islas artificiales, añadido pequeñas bases navales y otras tantas pistas de aterrizaje, acciones que han generado muchas tensiones y molestias con los países vecinos, como en el caso de Vietnam y Filipinas, entre otros.

Siendo así, por todas estas acciones que son producto de la misma dinámica de la política internacional, en la situación actual en que está inmersa toda la región del Indo – Pacífico, parece lógico que Canberra haya decidido ser parte de este mecanismo de defensa estratégica con EEUU y Reino Unido, acuerdo del que, dada su importancia, me permití escribirles en las cuatro entregas que finalizan con este artículo.


etiquetas: Geopolítica

Gustavo Adolfo Agüero Cruz Autor

El Acucioso

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