El Imperio de los Tres Reinos Vs el Hegemón de Norteamérica II


19 Octubre, 2021

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Factor Económico y Financiero

Así como indiqué en los dos últimos párrafos del artículo con el cual inicié esta serie de entregas en las que estoy analizando los distintos elementos de potencial de poder entre China y Estados Unidos, comenzaré esta segunda parte diciendo que hay que revisar muy bien y escoger con pinzas los datos macroeconómicos y las estadísticas del crecimiento y desarrollo del gigante asiático, porque estas cifras podrían no ser del todo fiables e incluso nos pudiesen estar ocultando información real.

La efectividad real de la economía del dragón.

Observemos más detalladamente que nos dicen exactamente los indicadores:

Si bien es cierto que es innegable que durante los últimos cuarenta (40) años el gran país asiático ha experimentado un crecimiento y un desarrollo gigantesco (solo bastaría con ver sus modernas infraestructuras, sus enormes construcciones, sus imponentes proyectos, sus rascacielos, a su pujante clase media o el poder de empresas del calibre de Alibaba, Xiaomi o Tencent, que se están expandiendo por todo el planeta). Sin embargo, lo cierto es que al momento en que estoy escribiendo este artículo, los Estados Unidos de América siguen siendo mucho más ricos y prósperos que China.

Es una afirmación, la anterior, en la que tal vez lo más destacable sea el hecho de que los niveles comparativos entre la bonanza y la solidez económica de estos dos países siga siendo muy diferente, y que las brechas, lejos de reducirse, pareciesen estarse ampliando cada vez más.

Muchos podrán no creerme, sobre todo luego de haberles colocado ciertos datos macroeconómicos favorables con respecto a la economía china en el escrito introductorio de esta secuencia de análisis entre estas dos potencias mundiales. Pero, así como les había indicado que en la actualidad el PIB ajustado de China ya había superado al de los EUA, también es cierto que dicho parámetro es un dato más bien nominal, o sea, bruto, que no mide bien los costes ni la generación de riquezas de un país, y que mucho menos refleja el margen que éste tiene que recorrer para convertirse en una superpotencia.

¿Ejemplos?

Desde al año 2000, el porcentaje de personas millonarias con respecto al total de la población se ha incrementado en China en apenas medio punto porcentual (0.5%), mientras que en los EE.UU. el incremento ha sido diez (10) veces más alto. Para que tengan una idea, al día de hoy casi un nueve por ciento (09%) de los adultos estadounidenses tienen un patrimonio neto superior al millón de dólares (1.000.000,00 US$).

Al respecto, tomando como parámetro datos publicados recientemente por el grupo Credit Suisse, una de las empresas líderes mundiales en servicios financieros, se aprecia que las diferencias en riquezas diversas entre los estadounidenses y los chinos se han ampliado en favor de los norteamericanos por más de doce (12) billones de dólares, desde el año 2011.

Ahora bien, estoy seguro de que ustedes en este punto me preguntarán: Pero ¿Cómo es esto posible?, ¿No es acaso China la fábrica del mundo?

Pues sí, el problema es que esta fábrica es en extremo ineficiente. Si bien China produce muchos bienes -algo que incide para que su PIB sea tan alto-, lo cierto es que también esta producción viene aparejada con enormes costos de producción. Es decir, la economía china es grande pero también tiene altísimos gastos y es terriblemente ineficiente.

De igual forma, cuando escribo acerca de los costos de producción no me estoy refiriendo solo a los salarios, sino al consumo de otros factores económicos y comerciales como la energía, el agua, las materias primas y hasta el muy elevado número de trabajadores que necesita China para desempeñar apenas una sola tarea en cualquier área productiva.

De igual modo, una parte muy importante de la producción china se va en satisfacer las necesidades de una población GIGANTE, de más de mil cuatrocientos millones de personas (1.400.000.000 Hab), así como en las del muy burocrático aparataje del gobierno nacional. Dicho de ese modo, el problema surge porque el PIB, como dije antes, mide la producción anual en términos brutos, pero no mide bien los costes ni el excedente, el cual es el indicador real que en definitiva se traduce en riqueza.

Siendo así, es allí en donde precisamente está todo el truco y la trampa, si se puede decir de esa forma. Otro ejemplo gráfico de lo que acá destaco lo representa el caso de India, un país que nominalmente ostenta el quinto (05) mayor PIB del mundo, a pesar de que esta nación cuenta con uno de los índices de pobreza poblacional más altos del planeta, y se le reconoce como a un estado que apenas tiene los recursos justos para ser considerado como una potencia media.

Entonces, pues recomendable sería el tener mucho cuidado con los datos utilizados al momento de medir las verdaderas potencialidades de poder entre los países.

Es por eso, que aquí no solo voy a enunciar datos macroeconómicos para sustentar mi posición, porque también quiero escribir sobre otros elementos igual de contundentes e importantes como los son aquellos inherentes a los grados de ineficiencia que padece una economía.

¿Cómo es de ineficiente el aparato productivo chino?

El crecimiento económico de China puede explicarse casi por completo por el aumento exponencial de sus recursos productivos. Para explicarlo mejor debo decir que, entre el noventa (90%) y el noventa y siete (97%) por ciento del crecimiento económico chino se vincula a la incorporación de una inmensa masa de trabajadores y a la inversión en capital físico. En cambio, en relación a lo que se denomina como “Productividad Total de los Factores”, esta apenas ha representado entre el tres (03%) y el siete (07%) de toda la expansión económica de ese país.

Por definición la productividad total es aquella que permite a cualquier comerciante o empresario del sector económico, industrial o financiero de un país, producir la mayor cantidad de recursos y obtener el mayor número de ganancias (hacer muchas más cosas) con la menor cantidad de capital, recursos, y tiempos invertidos.

En el caso de China, como la productividad total de sus factores es muy baja, principalmente por el hecho de utilizar una gran cantidad de trabajadores, empleados y obreros en relación a cada bien producido, el gobierno de Beijing, para mantener el crecimiento económico de la nación ha tenido que invertir cantidades ingentes de dinero, situación que ha incidido sobremanera en la multiplicación de su deuda no financiera.

En consecuencia, esta deuda de China se multiplicó por cuatro veces su valor en apenas diez (10) años, o sea, un incremento mayor al de cualquier país del mundo en el período comprendido entre 2007 y 2017. Incluso, con tales cifras, ya ha superado a la media de las deudas no financieras de cualquiera de las economías avanzadas.

No en balde el colapso estrepitoso de modelos empresariales como el sucedido recientemente con el grupo inmobiliario chino, Evergrande, una megacorporación valorada en cuarenta y un mil millones de dólares, la que, basada en el concepto de construir, construir y construir, se desmoronó financieramente y dejó en evidencia las profundas grietas en las estrategias de crecimiento implementadas por el gobierno de Beijing.

En este sentido, realmente el modelo económico chino que está apalancado en la sobreinversión y en la sobrevaloración, es inviable e imposible de sostenerse por demasiado tiempo. De hecho, ya ha generado muchos excedentes improductivos por todas partes como fabricas innecesarias, ciudades fantasmas, mayor gasto energético, incrementos salariales por inflación, alzas en los intereses, entre otros problemas, algo que ha desencadenado en la ralentización del crecimiento económico real de China durante los últimos años.

Sobre ese particular, a diferencia de China, Estados Unidos ha logrado tener una economía mucho más eficiente, y para ello se ha basado en la consolidación de muchas más empresas (la mayoría de ellas con tecnología de punta) que se posicionan entre las más competitivas del mundo. Como resultado de tal ecuación (tema del que escribiré en el próximo artículo), su productividad por concepto de especialización de cada trabajador no solo es mucho más alta que en el gigante asiático, sino que incluso va ampliando cada vez más la brecha de la riqueza real entre ambos países.

Otra característica vital que favorece las ventajas competitivas de los estadounidenses, y que se aúnan al punto anterior, es que, al contar solo con una cuarta parte de la población que tiene su rival, sus costos por políticas y planes de bienestar y seguridad interna para su población, son muy inferiores a los de China.

Por ejemplo, en el caso chino, con una “producción competitiva” más pequeña tienen que alimentar, vestir y calentar a mucha más gente, lo que hace que el excedente de esa producción, ergo, la acumulación real de su riqueza sea mucha más reducida a diferencia del caso estadounidense.

¿Qué les quiero decir con todo esto?

Simplemente que entonces puedo decir, a la luz de todos los indicadores económicos y financieros acá mencionados, que ciertamente China crece “nominalmente” más, pero con un costo altísimo para su economía que no le basta para alcanzar en efectividad a un gran Hegemón. Asimismo, por el contrario, Estados Unidos se hace cada vez más rico, y evidentemente, mientras más rico sea un país, más capacidades tendrá para mantener su estatus como superpotencia.


etiquetas: Geopolítica

Gustavo Adolfo Agüero Cruz Autor

El Acucioso

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