El Imperio de los Tres Reinos Vs el Hegemón de Norteamérica (Parte 3)


El Imperio de los Tres Reinos Vs el Hegemón de Norteamérica (Parte 3)

09 Octubre, 2021

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La educación ligada a la tecnología de punta y el factor demográfico

En las dos (02) primeras entregas de esta serie de artículos con los que busco explicar, siempre a través del método de la comparación, lo que realmente nos indican los datos entre los diferentes elementos de potencialidad de poder entre China y Estados Unidos, me centré única y exclusivamente en analizar los principales factores económicos que nos permitiesen vislumbrar cuál de estas dos potencias dominará al mundo en el futuro cercano.

Ya habiéndome explayado lo suficiente en tales indicadores, hoy he querido seguir enfocando el desarrollo de mi tesis desde otros dos (02) elementos igual de importantes y fundamentales.

El factor educativo

Según cálculos del Banco Mundial y de Naciones Unidas, el capital humano, o sea, el recurso resultante de la formación, las habilidades y la experiencia, supone más de la mitad de lo que es considerado como riqueza en la mayoría de los países. Este capital representa incluso hasta el ochenta (80%) por ciento de la riqueza de las naciones más desarrolladas, y ¿Adivinen qué país lidera los diversos rankings internacionales que sobre éste indicador existen?

Pues ninguno más y ninguno menos que los Estados Unidos.

En China, poco más del diez (10%) por ciento de la mano de obra tiene un título universitario, mientras que la masa laboral estadounidense graduada a nivel universitario se sitúa en un sólido y robusto cuarenta y cuatro (44%) por ciento del total de su mano de obra calificada. Aunado a ello, la calidad de esta mano de obra que proviene de las universidades norteamericanas está muy por delante que las del gigante asiático, algo que es normal, porque en China ni siquiera hay un acceso libre al internet o a las investigaciones científicas del resto del mundo.

Al respecto, se puede basar nuestra contundente afirmación al avalarla en distintos estudios que nutren la clasificación de instituciones tan serias y reputadas como la del “Center for World University” (CWU), la cual entre sus Rankings ubica a la mejor universidad china apenas en el puesto cincuenta y ocho (58), mientras que los Estados Unidos tiene en esa misma clasificación a veintinueve (29) de las cincuenta (50) mejores universidades del mundo.

Si se comparan los datos de la CWU con el de otras clasificaciones que se hacen de las casas de estudios a nivel mundial, se observará que en el resto de los rankings estos datos no son muy diferentes.

Para colmo, dado el control casi absoluto que el gobierno de Beijing ejerce en la mayoría de las empresas de ese país, incluyendo en el aspecto de la planificación y en la fijación de normativas y salarios, cada año China pierde cientos de miles de trabajadores bien formados que se marchan a trabajar en el extranjero, entre ellos decenas de miles de ingenieros, científicos, inventores y emprendedores.

Estados Unidos, en cambio, recibe un millón de trabajadores extranjeros cada año. Entre esa recepción bastante masificada de cerebros y mano de obra, se encuentran miles de científicos e ingenieros procedentes de todo el mundo, incluyendo de la propia China.

En otras palabras, los estadounidenses tienen un mejor sector laboral, uno más eficiente que está conformado con personal mejor calificado, y aunado a ello cada año están recibiendo, de manera constante, un aluvión de trabajadores especializados que lo van robusteciendo aún más. Esta situación explica, en parte, los mayores niveles de productividad con eficiencia de la economía estadounidense.

Estados Unidos se ha especializado, en gran medida, en productos de alto valor añadido y tecnológicamente avanzados que son muy difíciles de replicar para China. Esto es tan así, que, de cada dólar de producción china exportada a Estados Unidos, cincuenta y cinco centavos (0.55 US$) corresponden a componentes y servicios producidos en los propios EEUU.

Por otra parte, y como dije antes, la cada vez mayor intromisión de las políticas decretadas por el presidente chino, Xi Jinping, con relación a las empresas del sector privado –Como ejemplo refiero la guerra desatada contra las grandes corporaciones tecnológicas privadas de ese país-, tampoco ayuda a que la productividad china se incremente en el futuro.

A la anterior situación se une lo que está ocurriendo con el incremento de la corrupción, así como el problema con las trabas que impone el Partido Comunista a todos aquellos emprendedores que no le son afectos políticamente.

El factor demográfico 

China está envejeciendo mucho más rápido que Estados Unidos y su población mayor de sesenta y cinco (65) años se triplicará con creces de aquí a mediados de siglo. De hecho, según los datos resultantes de las gráficas de población de Naciones Unidas, la evolución poblacional de los dos países es diametralmente diferente y opuesta.

El gigante asiático tiene un problema enorme con las pensiones, su población se va a contraer fuertemente durante las próximas décadas, y la mayor proporción de personas con más de sesenta y cinco (65) años supone que el país tendrá que utilizar muchos recursos de su producción nacional para poder atenderles. Así que por mucho que no le guste a Xi Jinping, no parece que el poder económico de China vaya a poder superar en las próximas décadas al de Estados Unidos.

Entonces, y para concluir con esta tercera entrega sobre lo que opino acerca de hacia dónde se dirige la pulseada de fuerzas entre EEUU y China, creo que tampoco en este aspecto tan vital y decisivo, el país asiático vaya a tener los recursos suficientes como para luchar por el primer puesto como superpotencia mundial.

Son solo los fríos y duros datos, mis queridos lectores, y estos no se pueden cambiar solo porque alguien así lo quiera, por más que aquello aparente, lo que se ve a simple vista, pueda confundirnos de momento y nos nuble la capacidad de análisis.


etiquetas: Geopolítica

Gustavo Adolfo Agüero Cruz Autor

El Acucioso

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