Entre el resurgimiento de un Emirato Teocrático o el convertirse en una nueva colonia china I


Entre el resurgimiento de un Emirato Teocrático o el convertirse en una nueva colonia china I

15 Septiembre, 2021

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¿A qué futuro se enfrenta Afganistán?

¿Qué retos tiene por delante?

¿Se convertirá este país en una especie de colonia china?

Luego de ganar la larga guerra de 20 años de duración, ahora los talibanes se enfrentan a un gran reto ya que Afganistán está inmersa desde el año 2014 en una crisis en la que 3 de cada 4 personas están sumidas en la pobreza. El impacto del coronavirus y una fuerte sequía hizo que el programa mundial de Naciones Unidas alertara sobre el hecho de que en el futuro inmediato más de 14 millones de afganos se enfrentarán a una situación de inseguridad alimentaria en el país, algo a lo que ya hacían referencia incluso antes de la caída del gobierno democrático que estaba respaldado por EEUU.

Con tales circunstancias y con tales predicciones tiene que lidiar el grupo extremista Talibán, al mismo tiempo en que el país pierde aceleradamente las donaciones internacionales que hasta ahora financiaban más del 70% de su gasto político, eso sin hacer mención a la enorme fuga de capital humano que están sufriendo luego de la toma de Kabul, más aún ahora con el impacto que está generando la implantación de políticas desquiciadas que están incidiendo en todos los ámbitos de la vida afgana.

Para darles un ejemplo de lo anterior, les puedo indicar que durante los últimos 10 años la industria de los medios de comunicación había sido una de las más pujantes, esto con base a las cifras manejadas por el antiguo gobierno pre talibán que en sus estadísticas arrojaba que el país contaba con casi 250 cadenas de televisión, más de 400 estaciones de radio y más de 1500 medios impresos.

En tal sentido, con la llegada del grupo extremista religioso al poder, todo ese auge y crecimiento se ha frenado y está cambiando drásticamente, ya que a pesar de que los talibanes han prometido libertad de prensa –siempre que se cumpla con su visión de la ley islámica-, han estado persiguiendo sistemáticamente a periodistas disidentes, han reprimido duramente en las calles a los reporteros de diversos medios de comunicación, y se ha empezado a restringir el trabajo de las mujeres en este sector.

Por tal motivo, en la actualidad ningún analista apuesta por la supervivencia a futuro de una de las industrias que hasta ahora era de las más pujantes de ese país.

Para ilustrarles de mejor manera la situación afgana de cara a los meses y años por venir, según datos del FMI este país necesita cada año de más de 5 mil millones de dólares de financiación externa para que la poca infraestructura económica y social no se les derrumbe.

Luego de que los talibanes se hiciesen con el poder, han surgido múltiples interrogantes para los economistas, los analistas internacionales, los historiadores y otros expertos interdisciplinarios, pregunta de entre las cuales algunas he extraído las que me parecen más importantes y que van a la profundidad de la situación actual.

¿Quién se atreverá ahora a prestar ese dinero a un país liderado por un grupo extremista religioso?

Al respecto, muchos expertos apuntan a que Afganistán ya se enfrenta a un escenario de alto riesgo de hiperinflación, una fuerte caída del ingreso per cápita y serios problemas para financiar incluso los servicios públicos más básicos.

Todos estos indicadores negativos podrían alimentar grandes movimientos de oposición interna a los talibanes, o hasta incidir para que organizaciones y grupos más radicales como el propio ISIS-K, el Movimiento Islámico del Turquestán Oriental que son militantes uigures que sueñan con crear un califato islámico en una zona que incluiría territorio chino en su conformación, se enfrenten y choquen en conflicto con los actuales gobernantes.

Ante tal situación, surgen otras preguntas claves al unísono:

¿Qué harán los talibanes?

¿En qué confiarán?

¿En quienes confiarán?

Sin duda alguna lo que acontezca de ahora en adelante con el sector económico de la minería jugará un papel fundamental a tomar en cuenta en las futuras decisiones que el Talibán tome con base a las preguntas antes formuladas.

Acabar con la era del petróleo, el gas y el carbón exige una transición energética que depende de algunos minerales claves como el cobre, el litio o las tierras raras, entre otros; minerales que se estima Afganistán podría tener en grandes cantidades.

Al respecto, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) publicó en mayo de 2021 un cálculo que apuntaba a que la demanda de litio podría multiplicarse por hasta 40 veces en los próximos 20 o 30 años, mientras que un informe del Pentágono estadounidense, al que hizo referencia el periódico The New York Times, informaba sobre el hecho de que Afganistán, gracias a sus enormes reservas de este mineral, podría convertirse en el mayor productor mundial de Litio.

Asimismo, un informe del propio gobierno afgano apuntaba a que las reservas de cobre del país podrían aproximarse a cerca de los 60 millones de toneladas, lo que les ubicaría entre las cinco naciones con más reservas de ese mineral en todo el planeta.

Pero en este punto es necesario hacer una aclaratoria, una cosa es que un país cuente con reservas minerales, y otras muy distinta es que tenga la capacidad de explorarlas y explotarlas.

En ese sentido, la extracción minera a realizarse siempre requerirá más que abundancia geológica, como ha reseñado muchas veces Rod Schoonover, responsable del Programa de Seguridad Ecológica del Consejo de Riesgos Estratégicos de EEUU. Para él, también se necesita de otros factores elementales tales como la seguridad, infraestructura, recursos energéticos, recursos hídricos y una fuerza laboral altamente calificada.

De igual manera, por ejemplo, en el sector minero pueden pasar 10 o 20 años entre el momento en que se descubre un yacimiento de cualquier mineral, hasta que este efectivamente sea explotado, por lo que ninguna empresa querrá invertir en ello si no hay un marco político y jurídico estable, algo a lo que se refiere el experto y escritor Guillaume Pitron, quien lo menciona en su libro “La Guerra de los Metales Raros”.

Ciertamente Afganistán no cuenta ni remotamente con la infraestructura ni la logística necesaria para llevar a cabo una explotación minera a gran escala, por lo que montarlas se tomaría demasiados años, en el mejor de los casos, y requeriría de una inversión enorme (casi gigantesca), como ya sucedió en el caso del Proyecto TAPI, un Gasoducto entre Turkmenistán, Afganistán, Pakistán e India, también conocido como el gasoducto Trans - afgano que conducirá gas natural por toda esa región, y que a pesar de que está siendo desarrollado por el Banco Asiático de Desarrollo, ha durado muchos años ya, y ha contado con muchos obstáculos para poder arrancar.

Para ello, como ya escribimos un poco más arriba, también hace falta estabilidad, seguridad jurídica, conocimiento y mucho, muchísimo dinero en inversiones con las que el país no cuenta, y que son el punto de la ecuación en el que China les encaja perfectamente.

¿Se convertirán en la más reciente colonia de China?

Seguramente recordarán lo que escribí hace dos semanas para este mismo portal, en el artículo sobre la importancia de Afganistán para la Política Exterior de China, en la que mencioné que una de las prioridades e intereses fundamentales para la administración de Beijing con respecto a este vecino fronterizo, es buscar la estabilidad y la seguridad de los afganos, para así defender la propia paz en sus fronteras, por lo que para ello no dudarán en colocar el capital, la tecnología y los recursos que sean necesarios para que tal fin sea logrado.

Con tal política también estarían cazando dos pájaros con un solo tiro, ya que de igual forma lograrían satisfacer su desmedido apetito por la obtención de minerales y estarían estableciendo diversos negocios con este vecino, otra vez con unos interlocutores con una posición más teocrática y religiosa, el cual necesita desesperadamente de todo tipo de inversiones para salir del foso y de la profunda crisis generalizada en la que se encuentra.

Los datos macroeconómicos entre los dos países confirman nuestra anterior afirmación, inclusive desde la década pasada, como lo muestra el hecho de que China ya se había convertido en el mayor inversor extranjero en Afganistán desde el año 2010.

También habría que resaltar aquí que, desde hace casi 14 años, desde mediados de 2007, la Corporación Metalúrgica de China también había rentado una importante mina de cobre en Mes Aynak, una región situada a 40 km al sur de Kabul, por una transacción que se cerró en 3 mil millones de dólares, cantidad que se convirtió en la mayor inversión extranjera de la historia de Afganistán.

En esa misma línea, la petrolera china National Petroleum Corporation (NPC), ya en 2011 ganó una licitación para perforar tres yacimientos petrolíferos en la cuenca del río Amu Darya, por un período de 25 años.

Los tres datos anteriores indican de forma clara y contundente que el interés chino por los recursos afganos no solo existe, sino que incluso ya viene lográndose progresivamente desde hace al menos tres lustros, situación que con la reciente retirada de las tropas estadounidenses parece despejar aún más el camino para que China se convierta en el actor extranjero más influyente en ese emirato.

En este punto, si se hace un análisis más frio de lo que viene aconteciendo, pareciese ser que esta será la vía futura que tomará el gobierno talibán para poder mantener el poder y consolidarse en el mismo. Una decisión fácil y práctica la que podrían tomar si observamos que los talibanes necesitan dinero, inversión y, quizás, incluso protección política internacional, todos ellos recursos que el gigante asiático le puede proveer con inmediatez, incluso aportándole hasta la experiencia que ostenta en el área de las inversiones en países del alto riesgo, así como el respaldo su muy importante poder de veto en el Consejo de Seguridad de NNUU.

Por su parte China, país que está muy ávido por hacerse con la mayor cantidad de materias primas posibles en su guerra tecnológica con los Estados Unidos, a través de este muy probable acuerdo estará consiguiendo un acceso mayor, casi ilimitado a una fuente de recursos prácticamente virgen y se granjea un nuevo mercado al cual saturar de productos y mercancías, hecho que le permitirá influir de manera más determinante ante el gobierno de Kabul, y con ello poder controlar y mantener a raya los brotes de violencia y terrorismo que pudiesen afectar sus fronteras.

Por todo lo antes mencionados, pareciese que ambos países estarían “condenados” a entenderse.

De hecho, incluso antes de la toma de Kabul en agosto pasado, los talibanes ya habían prometido proteger las inversiones chinas en Afganistán. Pero no todo es tan fácil como parece, todavía existen muchos e importantes obstáculos de los que, por espacio y tiempo, les estaré escribiendo en mi artículo del próximo domingo.


etiquetas: Opinión Defensa Geopolítica

Gustavo Adolfo Agüero Cruz Autor

El Acucioso

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